lunes, 13 de agosto de 2018

Aquellos buenos tiempos de perros




La Voz de la Villa. Director don Omar Odriozola. Paso de los Toros. c 1948

“Tanto va la creencia a la vida, a lo que la vida tiene de más precario,
la vida real quiero decir, que al fin esa creencia se pierde.”
André Breton.  Manifiesto del Surrealismo.


No podía caminar y traté de correr…”
 Mother. John Lennon

                     
A título de reflexión
                    Es asunto bueno a mi paz mantener ,con  imaginados  imaginarios   lectores,  una  breve charlita previa.
              
Comienzo-comienza-   un   ingenuo propósito  que intenta y no oculta , exponer  recuerdos. Vendrán éstos desde hondas y cada día, un día más frágiles y vulnerables capas de nostalgias que se reproducen infinitas, como espejos y desde tal sospechoso  fundamento,  construir un relato  que conduzca en principio y sobre todo  - con comodidad para mí siempre pronto, tonto y cobarde pudor-  al  rescate de peripecias simples, que ocurrieron o  se imaginaron. O como  prefiero la más de las veces en mis cotidianas soledades asistidas, creerlos soñados,  disfrutarlos como tales y gozarlos en  la expropiación de  leve sonrisa que provocan para  pegarla anónima en los recovecos heridos de mi  biografía adulta. Historia-historieta, abundante en incertidumbres, cercada por condiciones, determinada por circunstancias hechas de esa rara mezcla incomprensible e infinita en consecuencias y resultados, de ser y  circunstancias   en esas etapas de la vida, inmedibles e incomparables, para el biografiado, de total ajenidad , y  que tienen a la mirada viajera a aquellos tiempos,  como riqueza incuestionable   ,  la simplicidad imperturbable e  ingenua de la niñez, para el caso, la mía.

               Bordadas por tanto tales mínimas cosas con los hilos leves y frágiles  de los sentimientos, es fácil reconocer sus debilidades y desfallecimientos, cosa  que no intento ignorar  y  las traslado tal como las reconozco , tal como las recibo en el umbral de paso a  mi intimidad  y  en la pena o en el gozo, así como  las  siento , permeadas absolutamente por el tiempo, sesgadas y    sobreexpuestas casi que dolosamente desde suspiros sanadores , siempre sospechoso  proceso catártico, idealización desde lo cual, lo simple y cotidiano, lo real y lo imaginario, los deseos y los sueños,  se deforman y se  transforman , se construyen y dispersan, se reconstruyen, adquieren nuevos textos y discursos,conformamos nuestras frustraciones humanas en edificios hágalo usted mismo,  hasta que llegada la paz, quedan al juicio , suspirando desde  la fatiga final :  los quehaceres , las venturas y desventuras de  aquel bello y dulce tiempo.  

Como tanto esfuerzo humano  surgido en  aires  de    sueños y  librados sin más,  al  escenario siempre áspero de la realidad  que los humanos  diseñamos desde la mezquindad y construimos desde los egoísmos    éstas mis pequeñas cosas rodeadas y llenas  de perros,  escasas de  grandiosidad  no   garantizan a  potenciales  lectores   encontrar en ellas grandes  relatos  de grandes acontecimientos, porque no los hubo en mi vida chica ni tampoco en mi vida grande, menos aún en ésta última, me tienta explicitar, desde que la vida adulta convierte la cotidianeidad en un planteo de opciones de por sí limitados, de por sí, establecidos e instituidos .Tampoco encontraremos  emociones conmovedoras que nos lleven a las lágrimas, porque bien sabemos, que  los asuntos de los niños, aparecen a los ojos adultos reducidos a la indiferencia de  menores asuntos,  la mayor de las veces sin ninguna  importancia  al mundo   donde suceden y se  producen los acontecimientos   que construyen esas muchas veces incomprensibles   cosas que la gente grande  celebra como éxito o llora como fracaso.

Espero sin embargo  trasmitir algo de la tranquila dicha que experimento, al mirar atrás y desplegar  en mis recuerdos estas simples  peripecias  .

También buscaré  encontrar   el buen camino  y  sostener la capacidad de recorrerlo   sin oscurecer aquellos buenos tiempos de mis perros amigos con sombras  supervinientes luego,  en los desconciertos  y pesares  de ir haciéndose    adulto  e impedir    se entrometan con  la candidez   de aquellos los tiempos de niños,  donde hasta  los   dolores, propios y ajenos,  parecen viajar en nubes fantásticas  que no evitan lo indeseable de su visita,   pero   al retirarse no dejan detrás de sí,  huellas intransitables.
          
         Téngase así  mismo en  cuenta, y descuento  generosidad al entendimiento,  que  el empeño implica y sería tema fácil a una mínima  deconstrucción,  sacudir, mostrar, exponer,  viejos  polvos y antiguas telarañas,  episodios y asuntos muy ligados a  historias , los pienso en tiempos de historietas, de aquellas que llenaban mi mente de piratas y doncellas, de magos y de reyes, de buenos y malos.
   
          Es decir, no  es asunto aquí  arqueologizar mi vida simple  y sus pequeñas vicisitudes en busca de exóticos y valiosos testimonios,  por el contrario cuidaré  al hurgar, el riesgo , que es grande, que al  mover mis viejas cosas, al  airearlas  en su viejo y cómodo lugar, corran peligro cierto  de adquirir nuevas significaciones.También, bien que sé,  corren seguro  riesgo de romperse en muchos pedazos y dispersarse.
          
          He querido mirarlas y verlas,   desde donde siento que se ubican sin esfuerzo y  con naturalidad, en aquellas mínimas  historias de los perros compañeros  que por esos entonces corretearon  a mi alrededor construyendo casi siempre juntos, cada cual en su mundo y necesidades, las vivencias cotidianas del día a día . A mi y a mi pequeño gran mundo de tales tiempos complejos, sustento y alimento de mi alma de niño solitario en un mundo fantástico siempre poblado de historietas.
           
        En los  hechos,  ellos han estado junto a mi casi  tanto tiempo emocional  como los seres humanos que a uno u otro título, a uno u otro rol,    acompañaron  la siempre azarosa construcción de  la  peripecia de vida, pero es bueno y de honestidad también  decirlo, creo que  estuvieron  mucho más tiempo próximos  a la sensibilidad y necesidades del alma fantasiosa de un   niño que  gustaba de mirar el cielo nocturno e imaginar mundos y aventuras en cada una de aquellas estrellas que colgadas en el cielo guiñaban sin descanso. 

        Asuntos exentos de cualquier complejidad,  fácil de entender,  pero  ajenas, distantes y de seguro que absolutamente ininteligibles al mundo de los adultos, escenario que hoy ya  viejo  conocido, entiendo en su incapacidad de  interpretar y menos comprender  la fortaleza natural del  vínculo, las raíces profundas  de la relación armónica y desestructurada   entre aquellos perros callejeros , vistos desde las alturas soberbias de la mirada humana , escasos en buenos modales de   domesticación ,  lejos del comportamiento exigible a  todo bien educado mascota canino con pretensiones de hacer carrera como tal, rebeldes a las reglas humanas por inadvertidas,  quizás o sin quizás sucios y malolientes, sin duda alguna  que ciertamente inútiles a la  severa mirada  positivista  de los mayores de la época, es decir, rotundamente feos y desprolijos,   y las variables que contruían  la realidad en  el mundo niño, había un espacio, que no por  maravilloso , era  visible a todos. Desde ese espacio invisible pero real, es  desde donde se edificaba toda una  relación fraterna, solidaria y comprometida. Cosas y privilegios de niños de pocas cosas.
       
            También doy cuenta aquí,  que seguro estoy que jamás tuvieron presente ni manifiesto, nada de lo que pretendo contarles. A su manera, es decir cual perros, es decir seres de la naturaleza, es decir  libres,  fueron felices en su libertad . Esa felicidad es la que enriquecen los recuerdos y es compartir  esa modesta riqueza la única pretensión de estas líneas. 

Por cierto que tiene este texto un destinatario con privilegio, que quizás algún día  leerán:    ellos  son los hijos de mis hijos,  mis nietos.

(por orden de aparición en ese vasto escenario shaspekereano que es la vida) 

a ellos humildemente con amor :
Mauro, Juan Cruz, Emilia, Manuela , Benicio y Chavela, hijos de mis buenos hijos Sherbourne, Terey y Yael
¿Otros…?
             Si..., por supuesto, especialmente mi compañera Noemia, amiga , cónyugue, socia todo terreno  de tanta cosa de distinto color y matiz,  y  también,  a todos los perros que andan por ahí acompañando a los solos, a los tristes por lo que sea  ,  a los marginados de lo que fuere y a los tantos excluidos de todo un poco. j.n.viana.  Montevideo. Noviembre 24 de 2014




¿Continuará...? 
Trataré . Convocaré el esfuerzo en salir de perezas conquistadas, de lo cómodo  de mirar el camino  y que ya no canse, ni duela, ni genere incertidumbres, indolencia que solamente deja correr el tiempo en aquellas mis viejas y simples alegrías de niño.