martes, 26 de diciembre de 2017

Por los tiempos de Santa Isabel. Personajes


Humilde recuerdo  a  Elbio Perez Telechea: escritor que encendió mis emociones isabelinas y las eternizó, que vivió, sintió, entendió y retrató como nadie a los personajes de Santa Isabel de Paso de los Toros haciendo de la aldea el Universo. Hoy , solamente el silencio.



Hubo un tiempo en mi pueblo, que recuerdo pequeño y  de seguro amable, próximo de gente y lleno de personas, tal que  parecía detenido en  calma, en transcurrir sin apuro... y en vivir feliz. Quizá, seguramente,  eran simplemente tiempos y sueños de niño, de pantalón corto y  pelo rapado con aquel tan absurdo como prepotente cerquillo , como pensado a tener control   sobre   toda aquella energía de cometas, bolitas, corridas al río, amistad con todos y cualquier perro, mucha pelota de goma en las calles sin asfalto y desafiantes mucho pie descalzo , poca amistad con el agua de las escasas visitas a la ducha y muchas palanganas , y sobre todo una confianza infinita que salvo alguna que otra bruja y algún alma en pena, "aparecida" de tanto en tanto desde su anonimato, el mundo era absolutamente seguro y confiable. 






Eran tiempos que todavía no habían bautizado la  Represa imponente "mega inversión"  cercana y era como cualquier hijo de vecino llamada por su plebeyo apodo de " La Obra".  

Esos tiempos y esa obra atrajeron y trajeron miles de personas llegadas portando sus correspondiente almas que poblaron y saturaron todo y cuánto ambiente disponible o creado encontraron, y así cada cuadra tuvo su almacén y su bar, el pequeño club social se hizo grande y por tanto presuntuoso, por supuesto que Dios se hizo majestuoso en la figura y estilo de su hermosa parroquia construida a puro tira y aflojes de colectas, las canchas de fútbol adquirieron su derecho a cobrar entrada para ver a los mismos vecinos de siempre,  ahora extrañamente ataviados de pantalones cortos y camisas de espectaculares colores, ocupados en patear la pelota, pegarse de vez en cuando, discutir bastante y cada tanto hacer como  que se peleaban fieramente hasta que los mansos policías de entonces y los siempre dispuesto espectadores a convertirse en "aparatadores" los llevaban un rato a tomar aire debajo de la vieja magnolia de la tranquila vieja casona devenida en comisaría. 



Así eran entonces más o menos las cosas. Bueno, también la periferia se iluminó de carteles multicolores avisando de que allí el amor se conseguía sin demasiadas dificultades y en cada puerta una cara de mujer , sonrisas de rouge y ojos de rimmel, ensoñaba a los transeúntes tímidos .




Esos tiempos fueron. Otros vinieron. Otros vendrán. Es inminente que vienen. De ahí quizás que estas letras hablando de cosas viejas, están teñidas y llamadas de presente y  temidas de  futuro. 
Los tiempos que se fueron, también dejaron una enorme pléyade de maravillosos personajes, rica herencia en vidas extravagantes y con un denominador común sin fallas, concebirse, construirse, quererse totalmente fuera de todo sistema, y así  poblaban el mundo que andaba ahí cercano a las orillas del río.





Uno de ellos, quintaesencia del bohemio, bueno, dulce y pedigueño hasta las lágrimas, bebedor de lo que fuere, endiablado puntero de cuanto cuadro de fútbol se animó a contar con sus servicios y cederle camiseta y gloria, casi nunca en estado de pura sobriedad, amigo de todos, enemigo de nadie, así recordaba un día como tantos otros de un noviembre de igual caracteristicas, en el cual váyase a saber provocado por que  asunto, sueño o circunstancia  llevó a que le contara a hijos, nietos y algún que otro ingenuo desprevenido, y desde mucha licencia poética, y mucha más aún considerable y asumida idealización  acerca del entrañable Mono Galarregui de mis tiempos de chiquilín primero y mozo después de aquella Santa Isabel ya entonces desapareciendo travestida en un machazo y machista Paso de los Toros. Y así un poco en seriedad nostálgica y mucho en los buenos humores de la cercanía de lo querido, salió en apuesta el texto que considero poético, desde que lo siento tal . Creo que al personaje que conocí y disfruté tomando vino del que fuere en el mostrador del bar de mi familia, le hubiere gustado. Era ciertamente ese Galarregui, del cual ni siquiera conocí  nombre de pila, y que fuera por siempre y para todos "el Mono" ...un entrañable poeta de la vida y de la calle. 







Poema en cinco minutos para el gorki Yael 

Si de tango hablamos,
no está todo dicho.
Hay que sumarle
a la magia Mago y el gordo enorme
al Maestro del piano y clavel
pero sobre todo
hagan subir al escenario,
insistan en el cielo de los reos
para que venga 
digno, fiero y triste
sano de alma
el Mono Galarregui,
ebrio de vino y vida
a cantarle a sus circunstancias
cuesta abajo
en los bares de esquina
de esa dama bella 
y por tanto vanidosa
en aquel tiempo liso de aldea feliz
en aquel tiempo Santa mujer Isabel
en la bohemia pretenciosa 
rabiosamente vago
poeta de la amistad
socio de cualquier prójimo
dialogador de sueños
tenedor arrendatario de fantasías
remontador de cometas
propias y ajenas,
desdramatizador de dramas
reales o imaginarios
y en esto si doy fé, 
siempre irremisiblemente ajenos
no quepan dudas.
- Todavía veo en mis turismos de melancolías
a los balances con insomnios
de dineros enemigos
sus ojos limpios y su sonrisa clara
chorreando burla y una pizca de desdén
con la carcajada jodona 
de no figurar en ningún padrón -
Me lo imagino, tranquilo, en paz
en tranquila digestión espiritual
con el padre creador de todos los ríos,
en lo inmutable
en ese eterno que fluye
que ahora se que es cierto
que no nadaré nunca más en él
lo veo y envidio,
en el ocio total
en la improductividad
fuera del mercado.
Pacificamente haciendo la plancha.

j.n.viana
Empezado un día cualquiera. Maquillado a los 17 días de noviembre 1998 




























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